Por Isaí García | Director de Inclusivo
Asistir a un festival masivo en silla de ruedas suele ser un deporte extremo. Entre el temor a no ver nada, el riesgo de quedar atrapado entre la multitud y la angustia de si habrá un baño adaptado, la experiencia musical muchas veces pasa a segundo plano. Sin embargo, lo que vivimos en la primera edición regia del Arre Pepsi Black 2025 rompió ese espejo de miedo.
Según el Artículo 21 de la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, tenemos derecho a “facilidades necesarias para disfrutar de servicios culturales”. Pero seamos honestos: en México, del dicho al hecho hay un abismo. Muchas empresas cumplen con poner una rampa de madera mal hecha y se lavan las manos.
Lo que Apodaca Group hizo ese fin de semana en Monterrey no fue cumplir un reglamento; fue dar una cátedra de dignidad.
Desde mi llegada a la acreditación de prensa, el cambio fue tangible. Quienes vivimos con una lesión medular sabemos que esperar bajo el sol no es sólo una molestia, es un riesgo de salud real debido a las altas temperaturas en el norte. El equipo del festival no necesitó que yo pidiera ayuda; al ver mi silla, la fila desapareció. Esa prioridad no es privilegio, es equidad. Entendieron que mi vulnerabilidad ante el clima es distinta y actuaron sin burocracia.
Ya dentro, de la zona de prensa, ocurrió algo que rara vez veo y más con gente que aún no me conoce . Usualmente, mi lente queda bloqueado por las espaldas de otros colegas. Aquí, la camaradería superó a la competencia. Reporteros de otros medios, sin que nadie se los pidiera, se hacían a un lado o me cedieron el frente. Ver a fotógrafos agacharse para no tapar mi tiro fue un gesto de solidaridad gremial que valoro tanto como la música misma.
Pero el verdadero golpe de realidad vino al mirar al staff. Vi voluntarios en silla de ruedas trabajando.
Eso cambia todo el juego. Cuando quien te atiende comparte tu realidad, la asistencia deja de ser caridad y se convierte en entendimiento. Las plataformas elevadas no eran “corrales” aislados, sino espacios funcionales con visibilidad real hacia los escenarios.
Nos vamos de Monterrey con un excelente sabor de boca. Apodaca Group demostró que la logística de un evento masivo no pelea con la humanidad.
A las demás productoras de México que aún no empiezan a empatizar con las personas con discapacidad les dejo la pregunta abierta: Si en el norte pudieron integrar esta empatía operativa desde el día uno del Arre en Monterrey, ¿qué les falta a para dejar de ver la inclusión como un favor y empezar a verla como un estándar?

