Omar Isaí García | Artículo de opinión
Las manos sucias y el Cerro de la Silla
Si miran la fotografía que acompaña este artículo, verán mis manos sucias, llenas de tierra, y con algunas lesiones en los dedos. Junto a ellas, mi pulsera de Prensa y mi gafete. Así terminé en el estacionamiento del Parque Fundidora tras cubrir el Tecate Pa’l Norte 2026: respirando lentamente, mirando hacia el suelo, luego al Cerro de la Silla, y finalmente al cielo. Estaba exhausto, sí, pero con la enorme sonrisa de quien acaba de lograr lo que, incluso para muchas personas sin discapacidad, parece imposible.
Para llegar a ese momento de satisfacción, el viaje empezó a las tres de la mañana del viernes en Torreón. Debido a mi lesión medular, la preparación física antes de subir a mi silla de ruedas es un reto diario. A las seis de la mañana, junto a mi equipo, tomamos carretera hacia la Sultana del Norte. Íbamos a trabajar, a documentar y a demostrar por qué somos el primer medio totalmente incluyente en México.
El recibimiento: La verdadera inclusión se nota.
Llegamos a Monterrey sorteando el tráfico y nos acreditamos cerca de las 11 de la mañana. Quiero hacer una pausa aquí para aplaudir a Apodaca Group y al Lic. Armando Luna, su director de medios. El trato fue impecable. Nos otorgaron las facilidades necesarias para que mi equipo pudiera dividirse y cubrir distintos escenarios mientras alguien me apoyaba con mi movilidad.
Durante los primeros días, mientras veíamos a los artistas vibrar en los escenarios, presenciamos cosas maravillosas. Vimos al staff entregando chalecos que traducen la música en vibraciones para personas con dificultad auditiva, y el Lenguaje de Señas Mexicano brilló en los escenarios principales. Todo era perfecto… hasta que el protocolo demostró tener un punto ciego.
El elefante en la plataforma.
El festival cuenta con dos plataformas inclusivas maravillosas en los escenarios Tecate Light y Tecate Original. Son espacios vitales, operados por Ocesa, para que las personas con discapacidad podamos disfrutar (o en mi caso, trabajar) con seguridad. Ingresé cuatro veces sin problema.
Pero a la quinta vez, la historia cambió. Fui interceptado por una señorita del staff (curiosamente, la misma que me bajó de la plataforma en la edición 2025). Tras preguntarme mi nombre y mi lesión, se fijó en mi pulsera. Al ver que decía “PRENSA”, el discurso cambió: me informó que, sólo podía estar un momento y tenía que retirarme.
En el tercer día, la situación llegó al absurdo. Esta misma persona me reconoció antes de subir y me hizo esperar abajo mientras “pedía permiso” a su jefa para dejarme usar la rampa. Tras unos minutos, bajó para decirme que “por esta vez” me dejaría subir, pero que mi jefe debía hablar con el suyo para futuras autorizaciones. Y me pregunto: ¿Cómo es posible que una persona en silla de ruedas necesite “permiso” para usar una rampa de accesibilidad sólo porque está trabajando?
Ocesa, tenemos que hablar.
A Apodaca Group, nuevamente, gracias totales; no tengo más que gratitud por su trato humano. Pero Ocesa, te aplaudo las plataformas, los chalecos y los esfuerzos, pero no te aplaudo esto.
¿Acaso la discapacidad desaparece al ponerse un gafete de Prensa? ¿El derecho a un espacio seguro está reservado únicamente para quien va a divertirse y paga un boleto? Mi equipo y yo vamos a chingarle, a trabajar, a darle visibilidad al evento. Checar mi pulsera como si estuviera fingiendo una lesión medular para obtener “ventaja” es un trato indigno. No sólo por mí, sino por todos los futuros periodistas con discapacidad que quieran ejercer su profesión. Si la excusa es el cupo, lo entiendo; pero era el único periodista en silla de ruedas en ese momento. La regla no tiene sentido.
Rompiendo barreras sobre ruedas.
Decidí no volver a subir a sus plataformas en esta edición debido al cansancio mental que se genera. Sé que escribir esto es un riesgo y que, quizá, a alguna empresa no le guste y me cueste una acreditación en el futuro. Pero esa es mi labor como director de Inclusivo. Seguiremos luchando por abrir brecha, incluso para aquellos que no pagan boleto porque van a ganarse el pan. La verdadera inclusión no discrimina el tipo de pulsera que llevas; reconoce a la persona que va en la silla, ya sea para cantar a todo pulmón o para reportear con las manos llenas de tierra.
“Lo hicimos. Y no sólo eso: lo estamos haciendo muy bien. Porque tener una discapacidad no es nuestro límite, sino el motor que nos impulsa a demostrar que somos capaces. Con las llantas gastadas, las manos sucias y el corazón lleno de orgullo, hoy les digo: estamos aquí, el trabajo está hecho y no vamos a parar.”
